Entrevista: Antonia Gigoux

Con apenas 25 años, Antonia Gigoux Brünner (Santiago, 2001) se ha posicionado como una de las voces emergentes más prometedoras del arte contemporáneo chileno. Su trabajo investiga el lenguaje de la pintura desde una perspectiva material y conceptual, cuestionando los límites de la tradición pictórica y proponiendo nuevas formas de comprender aquello que normalmente permanece oculto en la construcción de una obra.

Su práctica artística se caracteriza por procesos de ensamblaje, desarme y reconfiguración de la pintura, donde el soporte deja de ser un elemento secundario para convertirse en parte esencial de la imagen. A través de planos de color, síntesis visual y un lenguaje geométrico de gran precisión, Antonia explora las posibilidades del bastidor, la materia y la estructura pictórica, invitando al espectador a replantearse qué entendemos por pintura.

En 2025 obtuvo el Primer Premio del X Concurso Artespacio Joven, reconocimiento que consolidó una trayectoria que ya incluía participaciones en ferias, exposiciones colectivas y proyectos curatoriales. En 2026 fue seleccionada para participar en Ch.ACO junto a Galería Artespacio, quienes además realizan el antes mencionado concurso, y formó parte de la exposición final de la Tutoría Dardo 2025, dos hitos que reflejan el creciente interés que su trabajo despierta en el circuito artístico nacional.

Paralelamente a su producción artística, ha desarrollado una intensa labor como ayudante de destacados artistas y académicos como Tomás Rivas e Iván Zambrano, además de colaborar en montajes para el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de la Solidaridad Salvador Allende y diversos proyectos curatoriales. Esta experiencia ha enriquecido una mirada que combina investigación, práctica artística y reflexión crítica sobre el oficio.

Recientemente, Antonia fue mencionada, en Artes y Letras de diario El Mercurio, entre los seis jóvenes artistas chilenos que están marcando el rumbo de la escena contemporánea, confirmando el lugar que comienza a ocupar dentro de una nueva generación de creadoras que están renovando el lenguaje de las artes visuales en Chile.

 

Tu obra desafía la manera tradicional de entender la pintura, transformando incluso el bastidor en parte de la imagen. ¿Cómo nació esa inquietud por replantear los elementos más básicos del lenguaje pictórico?

La verdad es que la idea nace de forma bastante intuitiva, sin mucha teoría detrás en ese momento. Fue durante una clase en la facultad donde estábamos aprendiendo a armar nuestros propios bastidores y nos incentivaban a experimentar. Ahí se me ocurrió forrar uno con una manga plástica que yo usaba para cubrir los pisos de mi casa cuando pintaba, y que tenía manchas de pintura completamente aleatorias. Ese resultado lo recordé años después, cuando estaba pensando en qué trabajar para mi examen de grado. Partí desde ese hallazgo y me empecé a preguntar por qué ese bastidor transparente me llamaba tanto la atención, y qué se había hecho históricamente en torno a ese tema: la activación del bastidor, la noción de las disciplinas expandidas, la fenomenología de la pintura.

 

En tu “statement” hablas de procesos de armado, desarmado y reconfiguración. ¿Qué descubres sobre la pintura cuando decides desmontar sus estructuras tradicionales en lugar de seguirlas?

Desmontar el bastidor, en vez de seguir tratándolo como un soporte pasivo, tiene que ver con hacer visible algo que la tradición pictórica ha ocultado por convención: el cuadro nunca fue solo imagen, sino también un objeto tridimensional. Esa materialidad queda oculta detrás de la ilusión de ventana que logra la imagen pictórica. Al reconfigurar la materialidad del bastidor y su estructura, ese sistema se revela. El bastidor no es neutro, es una decisión matérica, y cuando se expande tal cual es, se revitaliza su condición de objeto. El objeto se declara objeto.

 

En pocos años has transitado desde el ámbito universitario a obtener el Primer Premio del Concurso Artespacio Joven, participar en Ch.ACO y ser reconocida entre los jóvenes artistas más destacados del país. ¿Cómo has vivido este crecimiento y qué desafíos supone para una artista emergente?

Con total honestidad, y sin desmerecer las oportunidades que se me han dado, el cambio ha sido vertiginoso. El circuito de las artes en Chile es duro. Después de ganar el concurso de Artespacio, lo que ya fue una gran sorpresa, y de que la misma galería me ofreciera representación, sentí que algo que esperaba que pasara en diez años más me estaba pasando ahora, y que no podía esperar: tenía que subirme al tren en movimiento y agarrarme de donde pudiera. Mis compañeros de taller, mis profesores y, por supuesto, la galería han sido de gran ayuda, pero hay un proceso personal detrás de todo esto que es difícil de explicar. Aun así, trato de tomármelo con calma: acabo de cumplir 25 años, recién estoy empezando a experimentar, y Roma no se conquistó en un día.

 

Además de tu producción artística, has participado en montajes, equipos curatoriales y labores docentes junto a destacados artistas. ¿De qué manera esas experiencias han influido en tu propia práctica y en la forma en que concibes el arte contemporáneo?

Creo que esas experiencias han reforzado mucho el carácter de equipo que hay que tener para sacar adelante un proyecto de buena manera. Trabajar en montajes y en equipos curatoriales me enseñó a mirar la obra desde otro lugar, no solo desde la autoría, sino entendiendo que una pieza siempre dialoga con un contexto y con el trabajo de otras personas. Y la docencia me ha hecho volver constantemente a las preguntas más básicas de mi propio proceso, porque para explicarle algo a alguien más, primero necesitas tener claridad tú misma.

Todo esto me ha reforzado la idea de que el arte contemporáneo se construye colectivamente, aunque el resultado final lleve una sola firma. Que todo es un proceso, que hay que pedir ayuda y estar abierta a la crítica cruda y honesta.

 

El NMWA-Chile trabaja desde hace más de una década para visibilizar, promover y generar oportunidades para las mujeres artistas chilenas de distintas disciplinas. Desde tu experiencia, ¿qué impacto crees que tienen organizaciones como el NMWA-Chile en el desarrollo de las creadoras y en la construcción de una sociedad más consciente del aporte de las mujeres a la cultura?

Creo que Chile tiene una escena artística bastante estrecha, que funciona principalmente desde la autogestión. Y cuando existen espacios autogestionados que impulsan la escena emergente actual, vemos que no reciben el apoyo que deberían. Creo que a todo el rubro le cuesta emerger. Dicho eso, hoy en día las mujeres siempre tienen un margen de diferencia frente a los hombres. Personalmente, creo que a nivel de artistas emergentes y semiconsolidadas la brecha de género no es tan marcada, o al menos yo no la he visto tan evidente como en artistas de trayectoria más larga; ahí sí se nota con más fuerza la diferencia. Por lo mismo, instituciones como el NMWA-Chile son tan importantes: como colectivo necesitamos visibilizarnos, y creo que es una excelente forma de generar comunidad entre nosotras.

 

Mirando hacia el futuro, ¿qué investigaciones o proyectos te gustaría desarrollar en los próximos años y qué preguntas siguen motivando tu trabajo como artista visual?

En concreto, tengo planificada mi exposición individual con Galería Artespacio para junio de 2027, así que por ahora le estoy poniendo toda mi energía a eso. Me gustaría mantener el momentum que llevo y sacarle el jugo a todas las oportunidades que se me han presentado. A futuro me gustaría seguir estudiando, hacer un magíster en el extranjero y seguir profundizando en mi investigación sobre el bastidor. Creo que la pregunta que más me motiva es hasta dónde puedo llevar esta investigación; lo más entretenido del proceso creativo es ver cómo las cosas van evolucionando de a poco, cómo van apareciendo nuevas acciones y técnicas.