Entrevista: Isidora Villarino

Isidora Villarino (Santiago, 1989), artista visual cuyo trabajo explora la relación entre arquitectura, ciudad, memoria e identidad. A través del dibujo, construye imágenes que tensionan las nociones de permanencia y fragilidad, recuperando fragmentos de arquitecturas y lugares cotidianos para convertirlos en registros de una memoria tanto íntima como colectiva.

Licenciada en Arte por la Universidad Católica de Chile, realizó un posgrado en Artes Visuales en la Academia de Bellas Artes de Florencia, Italia, y posteriormente estudios de dibujo analítico y crítica de arte en Madrid, España. 

Su obra ha sido presentada en museos, galerías, bienales, trienales y ferias de arte contemporáneo en Chile, Alemania, España, Francia, Italia, México, Perú, Colombia, Brasil, Estados Unidos y China, entre otros países. 

A lo largo de su carrera ha recibido diversos reconocimientos y premios, entre ellos el Premio de Adquisición Anual de la Asociación de Colecciones de México (2025), el Premio del Círculo de Críticos a Mejor Exposición del Año por “Inmanencia” (2024), el premio a Mejor Proyecto y Premio Adquisición de SWAB Barcelona (2021 y 2023) y el Primer Premio Arte Joven Artefacto (2022). Su obra ha sido finalista en premios de UK y Bélgica como Jackson Art Prize y Eeckmann Art Prize, pasando a formar parte de colecciones institucionales y privadas en Chile, España, México, Perú, Alemania, Estados Unidos, Brasil, Asia y Europa.

En 2026, su trayectoria internacional sumó nuevos hitos: realizó su primera exposición individual en Colombia en la reconocida Galería LGM, su primer solo show en Nueva York y fue partícipe por tercer año consecutivo de Zona MACO en Cidad de México. 

Hoy prepara su próxima muestra individual en el Museo de Artes Visuales MAVI UC. Una muestra que reúne dibujo e instalaciones de gran formato que pretenden ser itineradas a México, Colombia y Suiza, lugares con los que la artista está generando proyectos actualmente. 

Sumado a esto, durante la muestra en Santiago, la artista lanzará su primer libro de obra que permitirá consolidar una etapa de intensa circulación internacional de su carrera.

 

En tu obra, la arquitectura aparece como un registro de la historia y de las transformaciones de la ciudad. ¿En qué momento esta relación entre espacio, memoria e identidad se convirtió en el eje de tu investigación artística?

La ciudad y la arquitectura siempre han tenido para mí una carga estética enorme. Si bien mi trabajo partió inicialmente desde esa fascinación, a medida que fui investigando nuestra manera de construir, habitar y de relacionarnos con los espacios, comprendí que detrás de esa dimensión formal hay algo mucho más profundo: la arquitectura revela nuestra historia y evidencia una particular manera de vivir.

Fue ahí donde la relación entre espacio, memoria e identidad comenzó a convertirse en el eje de mi investigación. Me interesó especialmente el hecho de que habitar es una de las acciones que más ejecutamos a lo largo de nuestra vida y, por consecuencia, los lugares que habitamos nos conforman como persona. La ciudad, en ese sentido, es nuestro registro.

A partir de ahí, mi trabajo comenzó a cuestionar qué ocurre cuando esos espacios se transforman o desaparecen. Actualmente existe una enorme demanda por renovar un pasado que muchas veces parece ineficiente frente a una idea de futuro más eficaz, y estamos inmersos en una rueda de demolición/construcción que inherentemente termina borrando parte de nuestra historia y con ella nuestra identidad. Mi trabajo intenta detenerse precisamente ahí: en aquello que desaparece, en lo que permanece y en cómo preservar su memoria.

Hay además una contradicción que me interesa especialmente: La arquitectura -concebida muchas veces como un gesto de permanencia- es en realidad profundamente vulnerable. El tiempo la transforma y la naturaleza (que convive inevitablemente con el espacio urbano) la reconfigura, invade e insiste hasta terminar imponiéndose sobre la estructura.

Finalmente, mi investigación se sostiene justamente en esa tensión: en nuestra necesidad imperante de permanecer frente a la certeza de que todo es pasajero. Por eso, más que intentar conservar la arquitectura como algo estático, me interesa rescatar sus huellas: nuestra historia, nuestra memoria y aquello que nos ha traído hasta donde estamos hoy.

Trabajas con imágenes translúcidas, superposiciones, luces y sombras para representar espacios que han desaparecido o están en proceso de transformación. ¿Qué posibilidades expresivas encuentras en estos recursos?

Todos estos recursos tienen que ver principalmente con la cualidad intangible de la memoria y con la manera en que un recuerdo se presenta en nosotros: nunca completamente nítido ni certero. Hay algo que permanece, pero -al mismo tiempo- es muy difícil de fijar; una presencia que está y no está. Esa condición intento trasladarla no solo a mis imágenes, sino también al soporte y a la técnica que utilizo.

En ese sentido, mis dibujos no buscan fijar una escena, sino sugerirla. Se construyen desde la acumulación, de una manera similar a como yo entiendo la ciudad: capas sobre capas que revelan y ocultan simultáneamente. Cada dibujo contiene rastros de otro y, al superponerse, las imágenes pierden definición, se fragmentan o vuelven a aparecer. Una inestabilidad que me interesa rescatar, ya que hace visible la lucha constante entre el recuerdo y el olvido; una tensión que atraviesa todo mi trabajo e investigación.

En esa aparición y desaparición existe también una relación sutil con la muerte, que permanece latente en mi obra. No necesariamente entendida como un final, sino como la posibilidad constante de que algo deje de estar. La ruina aparece entonces como un estado intermedio: aquello que ha perdido su forma original, pero que todavía conserva una huella de lo que fue. Lo que desaparece nunca se extingue completamente; permanece de otra manera.

La luz y la sombra funcionan dentro de ese mismo lenguaje. La luz permite que ciertas imágenes emerjan, mientras la sombra las vuelve parciales, inestables, casi inaccesibles. Entre ambas se genera un espacio en el que la presencia nunca es absoluta y en donde el tiempo deja de ser lineal para convertirse en una fuerza que erosiona, desplaza y transforma.

De ahí, la elección del papel, la transparencia, el color y la superposición de capas, que no responden únicamente a decisiones formales, sino directamente a lo que intento transmitir.

Has señalado que, mientras residas en Santiago, la ciudad seguirá siendo tu gran referente. ¿Qué elementos particulares de Santiago alimentan tu imaginario y qué historias de la ciudad sientes que todavía necesitan ser preservadas?

Trabajo a partir de los lugares en los que me muevo, vivo y habito. En ese sentido, mientras resida en Santiago, esta ciudad seguirá siendo uno de mis principales referentes, pues mi trabajo nace de la observación directa del entorno y de las transformaciones que ocurren en aquellos espacios que forman parte de mi experiencia cotidiana.

Santiago es una ciudad que se transforma a una velocidad enorme: se demuele, se construye y se reemplaza constantemente. En ese proceso no desaparecen solamente casas y edificios; también se pierden formas de habitar, escalas de barrio, oficios, recorridos y pequeñas historias que construyeron la identidad de esos lugares.

No creo necesariamente que todo deba conservarse físicamente ni que una ciudad deba permanecer intacta. Las ciudades necesitan transformarse porque quienes las habitamos también lo hacemos, pero sí, me interesa preservar la memoria de aquello que existió y reconocer que lo nuevo nunca aparece sobre un territorio vacío, sino sobre una acumulación de capas anteriores.

En los últimos años, tu obra ha circulado por importantes galerías, museos y ferias internacionales, incluyendo NADA New York. ¿Cómo ha influido esta apertura internacional en tu manera de comprender y desarrollar tu práctica artística?

Internacionalizar mi carrera ha sido un proceso de muchísimo trabajo y aprendizaje. Me ha permitido entender con mayor claridad la importancia de presentar el trabajo de manera coherente, de que exista una relación sólida entre el contenido, el concepto, la materialidad y la forma en que finalmente se exhibe una obra. Pero, sobre todo, me ha permitido comprender que, aun cuando un trabajo nace desde una experiencia y un contexto específico, este necesita generar una conexión con otras realidades: ser transversal.

Si bien mi trabajo nace principalmente de la observación de mi ciudad y de las transformaciones de los espacios que habito, las preguntas que plantea son universales. Todos, de alguna manera, hemos experimentado una pérdida, hemos tenido que abandonar un lugar significativo por obligación o necesidad o adaptarnos a un cambio que modificó nuestra manera de entender aquello que conocíamos. Desde ahí, mi trabajo intenta apelar a una memoria colectiva y conectar con lo cotidiano, con el entorno, con el recuerdo y, finalmente, con nuestra identidad.

La circulación internacional también me ha permitido comprobar que esa cualidad intangible de la memoria no necesita pertenecer a una geografía determinada para ser reconocible. Una imagen puede surgir de una arquitectura muy específica de una ciudad en particular y activar en alguien que vive a miles de kilómetros el recuerdo de otro lugar, otra casa o una experiencia completamente propia. Esa capacidad de la obra de desplazarse de mi experiencia hacia la experiencia de otro ha sido invaluable.

En cuanto a mi reciente participación en NYC con un solo show junto a EAB, siendo la primera vez que Chile forma parte de la Semana del Arte en Nueva York, fue especialmente significativo. No solo por lo que representa para mi carrera, sino por comenzar a pertenecer a colecciones de renombre en más países y, en ese sentido, contribuir a abrir espacios para el arte chileno dentro de circuitos internacionales, permitiendo que el trabajo de nuestro país encuentre resonancia en distintos lugares del mundo.

Tu trayectoria también habla de la importancia de las galerías, coleccionistas, instituciones y otros agentes que acompañan el desarrollo de un artista. ¿Cómo entiendes hoy el trabajo colaborativo en la construcción de una trayectoria artística internacional?

Hace poco, en una entrevista sobre este mismo tema, mencioné una frase que representa muy bien cómo entiendo hoy una trayectoria artística: para avanzar rápido, hay que viajar solo; pero para llegar lejos, hay que viajar acompañado.

Creo que es importante decir que ninguno de los logros de estos últimos años ha ocurrido de manera aislada. Han sido el resultado de un camino que se ha ido pensando, trazando y proyectando año a año en equipo, desarrollando una estrategia sostenida para proyectar mi obra tanto nacional como internacionalmente y tomando decisiones que no responden únicamente a oportunidades inmediatas, sino a la construcción de una trayectoria a largo plazo.

Lograr tener un espacio dentro de las artes visuales y -sobre todo- lograr permanecer y desarrollarse en él, requiere muchísimo trabajo, consistencia y también la participación de muchas personas. En mi recorrido han sido fundamentales galeristas, arquitectos, curadores, diseñadores, coleccionistas, instituciones, fundaciones, colegas y amigos. La colaboración interdisciplinaria ha sido clave para abrir nuevas posibilidades, generar conexiones y permitir que mi trabajo llegue a otros contextos y circuitos.

A medida que mi obra comenzó a circular con mayor frecuencia fuera de Chile y a incorporarse a colecciones y fundaciones internacionales, me interesa pensar proyectos que puedan crecer, desplazarse e itinerar; obras capaces de adaptarse a distintos espacios y generar nuevas lecturas en cada contexto.

Hoy, entiendo una trayectoria internacional precisamente de esa manera: no como una sucesión de hitos individuales, sino como una red de relaciones que se construye y se sostiene en el tiempo. Mi aspiración es que la obra pueda moverse, vivir y conectar con contextos y personas diferentes y, sobre todo, que conserve siempre la capacidad de inquietar al espectador, de hacerlo detenerse, cuestionarse y pensar.

El NMWA-Chile trabaja por visibilizar y promover el trabajo de mujeres creadoras chilenas. Desde tu experiencia, ¿qué importancia tiene generar espacios que reconozcan, difundan y conecten internacionalmente el trabajo de las artistas chilenas?

Desde mi experiencia, la internacionalización me ha hecho entender que una carrera artística no se construye solamente desde el trabajo que ocurre dentro del taller. La obra necesita circular, encontrarse con otras miradas y entrar en conversaciones que permitan ampliar su alcance y generar nuevas lecturas.

Chile tiene artistas mujeres con prácticas muy sólidas y diversas, pero seguimos trabajando desde una escena geográficamente distante de muchos de los principales circuitos internacionales. Por eso, iniciativas como la que realizan ustedes, que logran generar conexiones reales y sostenidas con instituciones, curadores, galerías, colecciones y otros agentes fuera del país, tienen un valor enorme.

Plataformas como NMWA-Chile cumplen un rol fundamental como puente entre la escena local y el circuito internacional. Internacionalizar no significa simplemente “estar afuera”, sino crear las condiciones para que esas prácticas puedan ser comprendidas, investigadas, exhibidas, coleccionadas y proyectadas en el tiempo; construir relaciones, generar intercambio y permitir que nuestro trabajo forme parte activa de una conversación global.

Mientras más sólidas sean esas redes, menos excepcional será encontrar artistas chilenas ocupando esos espacios y más natural será su presencia dentro del arte contemporáneo internacional.